Ha acabado como uno de ésos bonitos idilios tras el cual una de las partes le dice a la otra eso de: Lo siento, de veras. No eres tú, soy yo.
¡Grrr! Y qué rabia da… Pero no, no ha sido Barcelona, ha sido una irresistible oferta del alcalde de Berlín (rumore, rumore) lo...
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